Hospital General y Plaza de Toros, una unión histórica en beneficio de los más débiles

  • La conferencia ha recogido la vinculación del hospital con la sociedad durante un periodo de tiempo en el que una parte de los beneficios de las corridas de toros se destinaban al centro sanitario.

El Hospital General y la Plaza de Toros de Valencia: una historia en común se ha presentado hoy en el MUVIM dentro del ciclo de conferencias históricas y culturales que ha organizado el Hospital General de Valencia con motivo de su V Centenario.

Por más extravagante que hoy pueda parecer, hubo un tiempo en el que los toros y la asistencia a los más débiles eran asuntos que iban de la mano. La razón es simple: Hospital General de Valencia ─la institución que se ocupaba de atender a los enfermos pobres, a los locos y a los niños abandonados desde inicios del siglo XVI─ era el único organismo que podía organizar corridas de toros en la ciudad y sus alrededores.

Esta exclusividad, un privilegio que le otorgó el rey Felipe V, permitió al Hospital General organizar corridas de toros dentro de la ciudad e ingresar en sus arcas con relativa regularidad unos beneficios que ayudaron, durante siglos, a sostener su economía para poder llevar a cabo su misión sanitaria.

“Durante el siglo XVIII esta fiesta deja de ser un espectáculo de decisión real para convertirse en un espectáculo de pago del que este hospital obtenía beneficios para continuar su labor social. Así pues, el centro se convierte en `empresario´ de la fiesta, lo que provoca un cambio en su organización. Es a partir de entonces cuando esta fiesta es consustancial a las fiestas patronales de la ciudad”, explica Sergio Blasco, director gerente del Consorcio Hospital General.

Como destaca Concha Baeza, escritora e investigadora, “esto significó que los mismos administradores del hospital eran responsables directos del devenir taurino en Valencia. La brillantez de la fiesta, el número de festejos organizado cada año, la bravura de los animales elegidos o la calidad de las cuadrillas contratadas fueron aspectos que dependieron del tino de los administradores de esa institución benéfica”.

Y la situación se prolongó durante siglos porque, con el tiempo, perdida ya la exclusividad inicial, “los responsables del Hospital General de Valencia emplearon grandes esfuerzos y recursos para construir la plaza que hoy conocemos: para ellos fue una gran inversión que debía mantener a flote el establecimiento benéfico”, añade Baeza.

Vinculación con la sociedad
La conferencia se ha centrado en la vinculación del hospital con la sociedad valenciana durante un periodo de tiempo en el que una parte de los beneficios provenían de las corridas de toros.

Pero también se ha señalado que, a lo largo de sus casi 500 años de historia, este centro sanitario ha estado atento a cuanto sucedía en la calle. Por ello, para financiarse, creó estrechos lazos de complicidad y supervivencia tanto con el Teatro Principal de Valencia como con la fiesta de los toros.

La mesa redonda ha estado moderada por Cristóbal Zaragoza, jefe del servicio de Cirugía Mayor Ambulatoria del General y cirujano jefe de la Plaza de Toros de Valencia. En ella han participado, además de Concha Baeza, Alberto Peñín, arquitecto coautor de la reforma de Plaza de Toros de 1968 y responsable de las reformas de 2010 y 2011, y Pedro Marín, matador de toros.

Zaragoza ha destacado que la tauromaquia en Valencia, “además de sus aspectos festivos, artísticos y culturales, estuvo impregnada de un talante solidario. La sociedad participaba así en una acción benéfica, al mismo tiempo que disfrutaba de una de las fiestas con mucho arraigo”.

Respecto a la Plaza de Toros de Valencia, Zaragoza ha señalado que “el proyecto se inició gracias sobre todo a la solidaridad de Gaspar Dotres, Juan Bautista Romero y Bernardino Martín, miembros de la junta del hospital, al garantizar con sus fortunas personales los gastos de construcción”.

Por su parte, Peñín ha hecho un repaso de la historia de la plaza: “a partir de 1845 es cuando las corridas pasan a ser competencia de la Diputación Provincial con carácter benéfico y asistencial. Pero la plaza fija y estable que hoy conocemos, de estilo neoclásica, se inauguró en 1859 y es obra del arquitecto Sebastián Monleón, que curiosamente también fue el que hizo la Facultad de Medicina que estaba en la calle Guillén de Castro”.

El torero Pedro Marín ha contado su experiencia cuando, tras una cogida, fue atendido en la plaza y posteriormente en el Hospital General. Ha señalado que es muy tranquilizante “saber que vas a una plaza de la categoría de Valencia y que estamos respaldados por un gran equipo médico, muy conocedor de la cirugía taurina. Esto hace que salgas al ruedo más seguro, que es muy difícil que pase una tragedia. Después, ya en el hospital, me sentí arropado por la comprensión y el trato humano y sincero de todo el personal sanitario”.

Marín ha añadido que “aún sabiendo que estaba en manos de uno de los mejores equipos, temí por mi vida, pero sabía que ellos eran los únicos capaces de hacer que no llegase mi fin, que en el libro de mi vida se pudiesen escribir muchas páginas más”.

A lo largo de todos estos siglos el espíritu que rige el Hospital General ha mantenido dos características esenciales: su vocación de servicio y una fuerte conexión con la sociedad de su tiempo.

Pie de foto: Pedro Marín, Cristóbal Zaragoza, Sergio Blasco, Concha Baeza y Alberto Peñín.

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