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¿Puedo irme de vacaciones si tengo una enfermedad crónica? El servicio de Medicina Interna del Hospital General de Valencia explica qué hay que preparar

Tener una enfermedad crónica no significa renunciar a un viaje familiar o unas vacaciones en la playa o en la montaña, siempre que se adapte el viaje a la situación clínica y a las necesidades de cada paciente.

Recreación con IA
Recreación con IA

La medicación, determinados tratamientos, el calor o los cambios horarios pueden requerir algunas precauciones para evitar complicaciones fuera de casa.

Desde el Servicio de Medicina Interna del Hospital General de Valencia, la enfermera Elena Chover, profesora de Enfermería de la Universitat de València y miembro del Grupo de Investigación en Educación y Cuidados de Enfermería (GRIECE), explica los aspectos que conviene tener en cuenta. “La clave es adaptar el viaje a la situación de cada persona”.

Para un desplazamiento seguro, Elena Chover aporta un decálogo de recomendaciones:

  1. Viaja cuando tu enfermedad esté estable. Si has sufrido recientemente una descompensación, un ingreso, una intervención o un cambio importante de tratamiento, consulta con el equipo sanitario antes de salir.
  2. Prepara el viaje con suficiente antelación. Valora el destino, la duración, el clima, la altitud, el medio de transporte y la asistencia sanitaria disponible en el lugar.
  3. Programa los tratamientos que no pueden interrumpirse. Si necesitas diálisis, quimioterapia u otro tratamiento periódico, confirma previamente cómo y dónde podrás continuarlo. Tu centro de referencia puede ayudarte con la organización.
  4. Lleva contigo la documentación necesaria: Incluye un informe clínico actualizado, el listado de enfermedades, alergias y medicamentos (preferiblemente con sus principios activos), las recetas y las tarjetas identificativas de tratamientos o dispositivos. Lleva también la tarjeta sanitaria y, cuando corresponda, la Tarjeta Sanitaria Europea.
  5. Calcula medicación y material de reserva. Lleva cantidad suficiente para todo el viaje y algunos días adicionales por si se producen retrasos, pérdidas o cambios imprevistos.
  6. Transporta y conserva correctamente la medicación. Guárdala en sus envases originales y lleva los tratamientos esenciales en el equipaje de mano. Protégelos del calor, la humedad, la luz solar y la congelación.
  7. Comprueba las normas del país de destino. Algunos opioides y benzodiacepinas pueden requerir receta, informe traducido o autorización previa. Si realizas escalas, consulta también las normas de los países de tránsito.
  8. Prepara un botiquín adaptado a tus necesidades. Incluye material para cuidado de catéteres, accesos vasculares, estomas, administración de fármacos o nutrición parenteral… según lo que necesites. Si utilizas agujas o lancetas, lleva un contenedor homologado y portátil para material punzante.
  9. Anticípate al calor y a los cambios horarios. Consulta previamente cómo adaptar tratamientos como la insulina, los anticoagulantes o los antiepilépticos, y qué precauciones debes seguir si tomas diuréticos o medicamentos que reducen la presión arterial. No modifiques las dosis por tu cuenta.
  10. Conoce dónde pedir ayuda. Localiza los centros sanitarios del destino, contrata un seguro de viaje adecuado si el trayecto es largo y lleva los teléfonos de emergencia y los datos de contacto de tu equipo sanitario habitual.

 

Elena Chover, enfermera Medicina Interna explica a una paciente

Por último, la enfermera resalta algunos consejos específicos para situaciones concretas:

  • Tratamiento con anticoagulantes. Si tomas acenocumarol (Sintrom) o warfarina (Aldocumar), comprueba antes de viajar que el INR esté estable y prevé dónde realizar los controles si la estancia es prolongada. Si realizas autocontrol, lleva tiras de reserva y consérvalas en su envase original, en un lugar fresco y seco, para que no pierdan efectividad. Ante un golpe importante o signos de sangrado, solicita atención sanitaria e informa de que estás anticoagulado.
  • Diabetes. Ten a mano el material necesario para controlar la glucemia y glucosa u otros hidratos de carbono de absorción rápida para actuar ante una hipoglucemia. Si utilizas insulina, consulta cómo conservarla y cómo adaptar su administración cuando atravieses varios husos horarios. Conserva las tiras reactivas en un lugar fresco y seco.
  • Insuficiencia cardiaca, renal o hepática. El calor puede favorecer la deshidratación y la bajada de presión arterial, especialmente si se toman diuréticos o antihipertensivos. Sin embargo, aumentar la ingesta de líquidos no es adecuado para todas las personas: deben mantenerse las indicaciones recibidas sobre líquidos y sal y consultar si aparecen mareos, disminución de la orina, edemas, aumento de peso o dificultad respiratoria.
  • Oxigenoterapia. Si necesitas oxígeno y vas a volar, consulta previamente con tu equipo sanitario y con la compañía aérea. Confirma qué concentradores están autorizados, lleva baterías para cubrir el vuelo, las escalas y posibles retrasos, y organiza el suministro de oxígeno en el destino.
  • Marcapasos o desfibrilador. Lleva la tarjeta identificativa e informa al personal antes de pasar por los controles de seguridad. Evita el contacto cercano y prolongado con imanes potentes y no guardes el teléfono móvil en un bolsillo situado sobre el dispositivo.

“La enfermedad crónica puede obligarnos a preparar mejor el equipaje, pero no necesariamente a renunciar al viaje. Planificar con antelación y de forma coordinada con el equipo sanitario permite  que las personas con enfermedades crónicas puedan disfrutar de las vacaciones con mayor seguridad y tranquilidad”, concluye.

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